Antenas: Propuestas Innovadoras

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Mientras en San Francisco, Ca, se aprobó para quienes venden celulares la obligación de informar a sus clientes sobre la radiación que estos aparatos emiten y cómo evitarla a través de información gráfica, en Chile una empresa de telecomunicaciones anuncia la iniciativa de encargar a arquitectos y artistas propuestas formales innovadoras para manipular las antenas que se diseminan en nuestras ciudades. Dos visiones antagónicas para hacerse cargo de las externalidades negativas que genera la industria de telecomunicaciones.

La idea de maquillar las antenas tanto de telecomunicaciones como de distribución no es nueva: en Chile vemos ya sin sorpresa como nos llenamos de palmeras que nacen de forma espontánea en casas particulares, plazas y parques. En el extranjero, diferentes iniciativas se han realizado con este fin: la oficina de diseño Choi +Shine, con base en Massachussets, diseñaron antenas en forma de cuerpos humanos. El proyecto, conocido como “tierra de gigantes”, da la idea de colosos metálicos deambulando uno tras otro a través de valles y cerros. De la misma manera, la oficina de arquitectos Archenotype, desarrollaron un prototipo más sofisticado con el objetivo de dar cualidades estéticas a las estructuras metálicas. Sin duda que el aporte que pueden hacer artistas, diseñadores y arquitectos es extremadamente valioso, haciendo de las antenas piezas urbanas interesantes, dando valor a proyectos de urbanismo convirtiéndose algunos de ellos en destinos obligados en ciudades europeas. Pero no seamos ingenuos, siguen siendo antenas: este llamado es una manera creativa de usar profesionales con el objetivo de cubrir las externalidades que implica ese mercado cual es la contaminación visual de la ciudad y una supuesta manera de reducir el impacto que producen las antenas en la ciudad.

Hoy en Chile hay aprox. 6.524 antenas. En la RM 2.236 y la tendencia es al aumento. Somos Cyborgs: mitad humano mitad tecnología, como definía Bill Mitchell, ex director del Media Lab del MIT a este fenómeno. El uso de tecnologías de información es un avance maravilloso en la vida de las personas. Hoy es normal conversar mirando la cara a una persona ubicada en cualquier lugar del mundo, realizar una transferencia o ver una película donde sea, cuando se quiera. No falta mucho para que los autos incluyan conexión de fábrica, que nuestro cuerpo sea a distancia monitoreado por adminículos insertos en nuestros órganos y que la conexión sea integral, total, siempre y en todos lados. Pero este prodigio no está exento de externalidades. Lo anterior requerirá más antenas en áreas urbanas y la herida visual se propagara sin control contaminando la ciudad y el entorno natural. Y quien paga por esto son los habitantes dejando sin responsabilidad a los operadores de esta industria. Bueno, ¿quieren celular?, necesitamos instalar antenas, luego pongamos antenas. Argumento cuestionable y sin duda que podemos buscar nuevos caminos:

La industria del automóvil consiente de la responsabilidad medioambiental que generan sus productos, en pocos años ha desarrollado nuevas tecnologías de propulsión que ya podemos ver en nuestras calles: autos híbridos y eléctricos que cada vez más se masifican y alcanzan precios competitivos. Alianzas entre Peugeot/Citroën y Mitsubishi dan como resultado el iMiev, lindo auto-cero emisiones. A su vez la industria de la construcción ha dispuesto catalogar las edificaciones a través de LEED (acrónimo de Leadership in Energy & Environmental Design), el cual es un sistema de certificación de edificios sostenibles, donde se busca incorporación en el proyecto de aspectos relacionados con la eficiencia energética, el uso de energías alternativas, la mejora de la calidad ambiental interior, la eficiencia del consumo de agua, el desarrollo sostenible de los espacios libres de la parcela y la selección de materiales entre otros.

Hoy cualquier propiedad tiene el potencial de acoger una antena, disminuyendo de manera instantánea un 20 % el valor de las viviendas próximas. La actual Ley es difícil de practicar y no apunta a la raíz del problema. Ésta sólo ofrece incentivos y medidas compensatorias a quienes sean afectados. Despertar y encontrarse con una antena en el jardín de la casa vecina no es gracia. Mañana se podrá encontrar con una antena en forma de Winnie de Pooh o una estructura paramétrica muy de moda. El interés por las industrias de telecomunicaciones por hacerse cargo de este problema es evidente pero insuficiente: las palmeras se diseminan por el sector oriente mientras que en los sectores más pobres las antenas pintadas blanco y rojo se apropian del paisaje. Es momento de demandar a las empresas de telecomunicaciones no sólo mejor y mayor señal, sino también convenir más inversión en nuevas tecnologías de telecomunicación, desarrollo de antenas más pequeñas y desarrollo de estrategias de camuflaje en fachadas y techos de edificios, cual es la manera real de hacerse responsables de las externalidades negativas que desarrollan su industria. Posiblemente lo que propongo es económicamente irreal y el costo sería traspasado a los consumidores. Ahí se vería entonces la real voluntad de las empresas en solucionar un problema creado por el producto que venden. Visto así, quien gane el concurso, debe ser quien camufle de la mejor manera las antenas de celulares, tan necesarias como contaminantes de nuestro entorno.

por Gastón Cañas

Arquitecto Universidad de Chile, Máster de Arquitectura y Diseño Urbano GSD Harvard University, Socio Fundador Cañas, Arquitectos Asociados desarrollando proyectos de casas, bodegas y edificios. Se ha desempeñado como Intern del IADB, Washington DC, y como profesor universitario.

Publicado en La Tercera

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