Arquitectura Inmortal

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El año 1937 el arquitecto inmigrante Mies Van der Rohe gozaba de prestigio académico y profesional. Habiendo abandonado su posición como director de la Bauhauss, a causa de la segunda guerra, se había establecido en la ciudad de Chicago como director de la escuela de arquitectura del IIT (Illinois Institute of Technology) y como diseñador del nuevo plan maestro para el campus. Dentro del mismo proyectó muchos edificios, siendo varios de ellos de discreta calidad y otros de magnífico diseño y paradigmática trascendencia como el Crown Hall, su escuela de arquitectura, que hasta el día de hoy funciona impecablemente en las mismas instalaciones.

Si bien Mies llegaba al país del norte como un arquitecto reputado, en cuyo portafolio ya se había ganado respeto profesional con proyectos de enorme trascendencia como director de la muestra de arquitectura moderna Weisenhoff (Weissenhof Sidelung en Stuttgart) y el mismo pabellón alemán de la feria mundial de Barcelona (1929); su producción fundamental se realiza desde los Estados Unidos, con proyectos inmobiliarios y corporativos como los departamentos de Lake Shore Drive en Chicago (1948-1951), Commonwealth Promenade Apartments (1953-19569) también en Chicago, o el edificio para la compañía de licores Seagram (1954-1958) en Nueva York, cuyo encargo le fue adjudicado después de evaluar alternativas entre Le Corbusier y Frank Lloyd Wright.

Mies se codeaba en un ambiente de elite intelectual como miembro del star system arquitectónico de aquel entonces. Y fue así como en 1945, el arquitecto fue invitado a una comida donde conoció a la doctora Edith Farnsworth, una destacada profesional que había dedicado su vida a la investigación. Sin familia ni hijos, la doctora le comentó acerca de un terreno que había comprado en la localidad de Plano, Illinois, a las orillas del río Fox, donde pretendía construir una casa de fin de semana para arrancarse de la vida urbana de Chicago. Seguramente en aquella velada ambos ignoraban que se gestaba uno de los íconos de la arquitectura moderna y probablemente la casa más bella de todo el siglo XX.

Una ambición personal pendiente para mí, era conocerla. Solo una vez había estado en Chicago, el año 89 en un viaje de estudios con grupo de alumnos de la escuela de arquitectura de la Universidad de Chile. Liderados por nuestro maestro, el profesor Alberto Sartori, devoto y declarado militante de la obra de Wright, destinamos toda nuestra permanencia al estudio casi exclusivo de su obra. Coincidentemente el año pasado, la Universidad San Sebastián patrocinó el trabajo del artista visual Manuel Peralta para reproducir dentro del la galería Patricia Ready una maqueta 1 a 1 en pino radiata de la casa Farnsworth.
Todo ello en el marco del aniversario número 60 de la celebrada obra maestra.

Una inesperada invitación a Chicago surgió como pretexto: era la a oportunidad perfecta para viajar dos horas desde Chicago a la localidad de Plano para visitar la casa, preservada hoy como museo por la fundación Mies Van der Rohe. Al llegar al lugar debo reconocer que algo de nerviosa expectación nos invadió a todos. Era como estar en la antesala de un encuentro notable, como si de una audiencia papal se tratara. Tras ingresar al predio, y luego de una procesión de 600metors a pie, logramos divisar la blanca estructura que trasparecía inmaculada entre la vegetación. Levitando a un metro y medio del suelo, sus pilares apenas parecían tocar la superficie, igual que cuando un zancudo se posa sobre el agua. La razón de este distanciamiento si bien responde a las crecidas del río Fox para evitar su inundación (que en más de una oportunidad la ha alcanzado), también le otorga la nobleza de un plinto inmaterial, elevando su estirpe y su planta libre de la cota terrenal de lo mundano.

Constatar en lo real lo que el pabellón de Barcelona no logra pese a su fidelidad como reproducción, es una experiencia notable. Saber que aquella estructura (que finalmente le hubiere costado una demanda por parte de la señora Farnsworth por haberse excedido varias veces en el presupuesto) era la misma que Mies aprobó en cada uno de sus obsesivos encuentros y soldaduras, es sencillamente notable.

Personalmente había tenido la posibilidad de estudiar sus detalles y planos constructivos de forma exhaustiva, ya que en más de una oportunidad fue motivo de estudio junto a mis alumnos de la Escuela de Arquitectura. Pensé dominar sus secretos y artificios, sin embargo en esta experiencia queda constatado que las ilustraciones, registros y relatos son insuficientes ante la experiencia espacial que sólo otorga la arquitectura en escala real. Cada contenido elemento parece estar dominado en una sinfonía perfecta de lógica estructural, belleza constructiva y restricción plástica. La presencia de su mobiliario interior no hace más que subrayar la fluidez de un discurso que se debate entre el pragmatismo ingenieril y la audacia de lo sublime.

A seis décadas de su construcción, el tiempo parece haberse detenido para ella. Incluso el árbol que Mies escogió para arrimarla, y así gozar de su sombra, lamentablemente no ha sobrevivido al paso del tiempo y este año será cortado para reemplazarlo. La casa Farnsworth levita sobre el suelo de la misma forma como lo hace en el tiempo, ya que la arquitectura verdadera nunca envejece, sólo se torna clásica. De las misma manera a los 126 años de su nacimiento, Mies ya es inmortal.

por Albert Tidy

Arquitecto U de Chile 1992, Master of Architecture Yale University 1998.

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