Casas altas, casas bajas

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Algunos edificios que se han construido recientemente en Santiago han vuelto a poner en discusión la forma del volumen, después de años en que parecía que el colaborador principal del arquitecto era el vendedor viajero de los fabricantes de revestimientos modulares para edificios. La discusión erudita sobre la figura del rascacielos –desarrollada por Mies van der Rohe entre 1921 y 1957, desde sus primeros diseños de un rascacielos de cristal en Berlín hasta el edificio Seagram, en Nueva York– que transcurre por casi toda la producción arquitectónica del siglo XX, involucrando a la gran mayoría de los arquitectos modernos y contemporáneos, puede alimentar sin duda un análisis cercano de estos objetos que pueblan de a poco el perfil de la ciudad y que siguen, igual que sus más claros exponentes de los 90, participando de una especie de diálogo de vanidades y golpes de mesa donde lo más alto, lo más fino, lo más vistoso, define la valoración que la crítica especializada hará de ellos.

Concentrados en Santiago en la zona oriente hacia avenida Apoquindo y el barrio del Golf después de décadas de preeminencia del centro, han aparecido algunos edificios que, entre tanta turbulencia formal, destacan por su silencio y por su discreción. Así como destaca el parco y trajeado Charlie Watts, baterista de los Rolling Stones, frente a la producida parafernalia de sus otros tres compañeros.

Dentro de esta zona de expansión de oficinas, el antiguo terreno de la Compañía de Cervecerías Unidas, loteado a principios de los años 90, ha sido unánimemente identificado por los urbanistas como una oportunidad perdida para hacer un plan uniforme a todo el paño, donde el primer piso podría haber sido integrado en vez de ser subdividido por panderetas y entradas a estacionamientos subterráneos.

En uno de los predios, la compañía antiguamente dueña del paño subdividido encargó, a través de un concurso internacional, el diseño de su edificio corporativo. El edificio finalmente construido, diseñado por los arquitectos + Arquitectos, Flaño Núñez Tuca, y ADN Arquitectos, retoma la solución simple del paralelepípedo como forma básica del rascacielos tradicional, trasladando a la solución de detalles de fachada y de solución de la planta los esfuerzos de diseño más fino y definido. Ya Mies van der Rohe lo había hecho en el edificio Seagram, donde el simple prisma de la quinta avenida evita llamar la atención con su silenciosa forma, mientras que casi todo lo que se puede decir del edificio está en su disposición o en sus detalles. Por algo al arquitecto alemán se le atribuye aquella frase que dice que en ellos está Dios.

El edificio de la CCU no es necesariamente una obra maestra. Es un edificio bueno, correcto, que cumple con los requerimientos del mandante, soluciona de manera inteligente las condiciones ambientales propias de sus cuatro orientaciones (diseñando de manera distinta sus fachadas, lo que a estas alturas no es un gran descubrimiento) y logra que a su llegada al suelo se configure un espacio urbano que se agradece.

Y no es que con toda su calidad arroje este caso una luz de esperanza asegurada sobre el campo del diseño de edificios de altura, en el que Santiago ya hace bastante tiempo ha visto ejemplos notables y otros no tanto. Lo que importa destacar es que la construcción en altura está ya instalada como una forma de hacer rendir el escaso suelo urbano, y si bien hubiera sido deseable que la definición de la forma urbana de la ciudad se hubiera definido antes de la construcción de estos edificios, y no después, la disciplina especializada y la ciudadanía no logran nada con enfrentarse a la presencia de la altura como contexto. En las grandes ciudades del mundo, son las estructuras altas las que definen una identidad contemporánea. Así es en las grandes capitales, y así podría ser en Santiago. Lo crucial, aquí, será esperar a ver qué pieza nos identifica, confiando en que sea de calidad. El edificio de la CCU no es un mal candidato.

por Maximiano Atria

Arquitecto y Magister en arquitectura (PUC). Profesor del Departamento de Arquitectura FAU.

Publicado en: “Apuntes Dispersos” de El Periodista.

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