Cuidando el agua sólida

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Las montañas son nuestras “copas de agua” (water towers) las cuales, sobre un nivel de reserva o almacenamiento heredado de tiempos pretéritos, sufren variaciones del capital hídrico asociado a una suma de procesos de muy distinta escala tanto temporal como de magnitud. Estas van desde las oscilaciones a escala geológica del clima, como las glaciaciones cuaternarias, hasta aquellas de escala humana, pasando por fenómenos como el período cálido del medioevo, la pequeña edad del hielo, los efectos de la revolución industrial, los ciclos solares, el fenómeno ENSO, grandes erupciones volcánicas, el salto térmico centrado en el año 1976 y, evidentemente por las contribuciones de la actividad humana al comportamiento térmico atmosférico (parasol antropogénico, efecto invernadero, contribución al calentamiento global, etc.) y su influencia en las precipitaciones.

En este escenario, en el que la humanidad está interactuando e interfiriendo con algunos procesos del sistema terrestre, y afectando la velocidad y tendencia natural de su evolución, existe un recurso fundamental que está siendo amenazado en su disponibilidad y supervivencia: el agua “dulce”.

En este contexto, una de las fuentes de agua dulce que aporta constantemente a los ríos, a las aguas subterráneas, a lagos y embalses, que devuelve agua a la atmósfera, que es fuente básica del agua para riego, para la industria y para la bebida, es la criosfera. Es decir, todas las expresiones naturales de agua en estado sólido (hielo, neviza, nieve, granizo, pedrisco, escarcha, permafrost, etc.).

Esta fuente fundamental de este vital recurso es despreciada por la mayoría de las personas, especialmente los habitantes urbanos, hasta que los suministros se cortan o hay racionamientos o sequía. Es el ciclo hidro-ilógico, el cual raya en la irracionalidad humana: Nos despreocupamos de lo que estamos acostumbrados a disponer hasta que nos falta.

Que sería de Chile y su gente si nos faltara esa reserva tan importante que son los glaciares y las otras formas de agua en estado sólido de nuestras montañas. Un país como el nuestro, en gran medida privilegiado por la naturaleza, no puede pretender subsistir sólo de los aportes de las precipitaciones líquidas. Requiere de modo absoluto del agua proveniente de las reservas y precipitaciones sólidas del vital elemento, es decir, de la criósfera, en especial en la zona central por su marcada estacionalidad.

Debe tenerse presente que entre las formas de presencia de hielo, no solo se trata del que se ve (glaciares descubiertos o blancos). También, y muy relevantemente, se trata de la presencia de hielo oculta, enterrada, o formando parte del subsuelo: el permafrost en sus distintas formas. Esta expresión dice relación con formas más superficiales como los glaciares rocosos de origen glacial y periglacial, y con formas más “profundas” como la presencia de hielo en el sustrato rocoso o sedimentario, la cual puede alcanzar varias centenas de metros de espesor en la alta montaña.

Esta escasa valoración no es solo del común de la gente, también lo es de grandes empresas, principalmente internacionales, que colocan sus fines económicos por sobre la persistencia de estas reservas de agua sólida despreciando su rol en el ecosistema. Cada vez que se excava en alta montaña se destruyen, directa o indirectamente, glaciares descubiertos y/o rocosos, campos de neviza, de penitentes o de nieve, y el hielo del sustrato. Cada vez que se remueve material del subsuelo de la alta montaña, se remueve permafrost. Todo ello es una pérdida irremediable.

Ante esta amenaza se alza la gobernanza como una herramienta de los organismos de base de la sociedad para resguardar su derecho a agua dulce y limpia, lo que es un derecho a la vida y la salud. Producto de ello, y de los compromisos del actual gobierno, es que hoy toma fuerza la necesidad de elaborar, dictar y hacer cumplir una ley de protección de glaciares.

Afortunadamente, y más allá del enunciado sobre una política nacional de glaciares, existe hoy un texto de propuesta de una Ley de Protección y Preservación de Glaciares, la cual se encuentra en discusión. Abogamos porque esta iniciativa tenga éxito y se resguarden los derechos de muchos habitantes de este país que ven amenazadas sus existencias, sus actividades, su cultura y su descendencia.

D. Francisco Ferrando A.
Geógrafo
Director Académico y Relaciones Internacionales
Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) 

*Fotografía destacada Fuente CODELCO.

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