El Teatro Municipal

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Noticia obligada de los últimos días, el incendio que afecto al Teatro Municipal no ha dejado a nadie indiferente. El infortunio acaecido ha suscitando, con justa razón, comentarios y opiniones de diversa índole primando el sentimiento de incredulidad ante el alto grado de vulnerabilidad que éste presenta. Este sólo hecho, la suerte de conmoción pública que ha tenido lugar, da cuenta de la importancia que revierte de este edificio para la mayoría de los santiaguinos, y es que el Municipal no es cualquier edificio del centro histórico de la ciudad, es en verdad una obra arquitectónica sobresaliente y venerable.

Históricamente el Municipal forma parte de los edificios fundacionales de nuestra identidad republicana que sienta sus bases a mediados del siglo XIX. Al mismo tiempo que se promueve configurar un imaginario urbano arquitectónico mediante un programa edilicio que acogiese las funciones institucionales que requería la naciente nación es que, igualmente, surgió la iniciativa gubernamental para la construcción de un teatro con el fin de promover el desarrollo de las artes en el medio local. Así, su origen se retrotrae al año 1847 cuando bajo la presidencia de Manuel Bulnes se cedió el terreno de la ex Universidad de San Felipe para levantar un teatro para la ciudad el cual debería quedar bajo la tutela de la Municipalidad de Santiago. Tras esta iniciativa se reconoce el espíritu ilustrado que inspiró el accionar de los gobernantes de aquellos años en tanto ideario que promueve el progreso y enaltece la condición espiritual del hombre, al igual que exalta la confianza en el porvenir y demuestra una clara visión de futuro,.

He aquí precisamente la enseñanza ejemplar que representa el Municipal en la actualidad, ya que no deja de sorprender la vigencia de este edificio que desde su origen, ya hace más de siglo y medio, ha mantenido inalterablemente un protagonismo fiel a ese destino inicial para el cual fue creado. Sorprende que siga siendo aun el único teatro de su categoría con que cuenta la ciudad de Santiago demostrando que aquellos que idearon su construcción no se equivocaron a pesar de las críticas que en su momento se levantaron en contra del proyecto considerándole un gasto desmedido y superfluo. Al igual que el Parque Cousiño o el Forestal fueron obras que no se pensaron mezquinamente, a corto plazo, si no que pensadas como legados para la ciudad y disfrute de generaciones futuras.

En una época presente dominada por el impulso permanente de cambio, en la que la obsolescencia funcional se hace habitual y cotidiana condenando a los edificios antiguos a su abandono y desaparición; donde la inmediatez de resultados promociona visiones a corto plazo; donde la farándula mediocre de espectáculo frívolo y fácilmente digerible se populariza; en que proclamas vociferantes hablan de derrumbes apocalípticos, el Municipal mantiene serenamente su identidad desafiando el paso del tiempo y los avatares que periódicamente ha debido enfrentar.

La historia de este edificio esta llena de vicisitudes: incendios que dejaron sólo su obra gruesa en pie; daños ocasionados por sucesivos sismos, sin embargo en cada oportunidad el Municipal ha sido reconstruido o refaccionado recuperando su condición original o incluso modificándole para adaptarse de mejor forma a las exigencias por cumplir. Ello da cuenta de que el Municipal posee una energía que le permite renacer continuamente para beneficio de su audiencia y de su compromiso con la promoción del arte.

por Patricio Duarte

Académico del Instituto de Historia y Patrimonio. Facultad de Arquitectura y Urbanismo
Universidad de Chiile

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