¿Un antídoto para el Mal de Castro?

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Ante las últimas declaraciones formales emitidas desde  la Contraloría General de la República y mientras los juzgados determinan una salida de hecho y derecho al término de las obras del Mall de Castro, el exagerado volumen del edificio semiabandonado, inserto en un contexto sorprendente, da breve espacio al análisis y debate sobre el modo de intervenir ciudades intermedias y contextos patrimoniales.

Hace ya 2 años, en mayo de 2010, se inició la construcción de uno de los centros comerciales más bullados de los últimos años: el Mall de Castro. Ubicado en el casco histórico de la ciudad y considerado como un beneficio para la comunidad por el alcalde Nélson Águila, aún genera polémicas entre distintos actores sociales del país por su ubicación, escala y procedimiento legal de edificación. Si bien las distintas opiniones sobre el proyecto provenían de ciudadanos de todo el país, el Municipio consideró necesario conocer la opinión de los habitantes. Por esto, el 15 de abril de este año realizó una consulta ciudadana para saber si los ciudadanos aprobaban o no el mall. De un total de 5.069 votantes, el 95,6% votó a favor del proyecto, es decir, 4.766 personas, mientras que 231 lo rechazaron.

Y es que la pregunta plebiscitada nunca debió centrarse en si la ciudad de Castro y sus habitantes requerían o no de un centro comercial que mejorara la oferta local de productos, de lo cual no cabe duda, sino sobre el emplazamiento y proporciones adecuadas para un entorno exigente de delicadeza, junto a un impacto visual absolutamente manejable, aún cuando los ciudadanos difícilmente logran apreciar la altura del edificio desde el centro de la ciudad o desde la fachada marítima (antigua llegada a la ciudad por vía marítima, reemplazada por la vialidad a Ancud desde la década de 1980), ni menos esbozar el futuro impacto sobre el comercio local o la vialidad existente.

Esto pues mientras a las afueras del centro histórico se han levantado un homecenter y un gran hotel casino, que pese a sus diferencias y a que podamos cuestionar sus tamaños y diseños, no han logrado impactar la apariencia de la Capital de la Isla Grande respecto a sus tesoros arquitectónicos, es decir, existen y existían emplazamientos mejores para este tipo de equipamientos, que hubieran esquivado toda esta polémica, evitando incluso la modificación forzosa del Plan Regulador Comunal.

A continuación un video reciente, que en 15 minutos expone la situación actual de Castro, su patrimonio construido y el edificio en análisis, considerando la reciente conexión aérea y creciente demanda de viajes entre la Isla, Puerto Montt y Santiago (ver video adjunto de Mall de Castro específicamente en minuto 2:22 al 3:08 y luego inserto en la fachada marítima, desde minuto 9:46 al 10:42).

En cuanto a las ilegalidades del proyecto sobre el volumen y la altura, el Colegio de Arquitectos, junto a distintos académicos, enviaron una carta al ahora biministro de Vivienda, Rodrigo Pérez Mackenna, en la que solicitaron paralizar las obras porque no se ajustaban al Plan Regulador de la comuna de Castro (modificado en noviembre de 2008), específicamente al artículo 157 de la Ley General de Urbanismo y Construcción (LGUC). Este apartado establece que se debe demoler la totalidad o una parte de una construcción que no se ajuste al Plan Regulador o que se haya iniciado únicamente con el informe del Director de Obras.

Por otra parte, los representantes del Grupo Pasmar, firma constructora del proyecto, declararon una superficie útil que no consideraba las bodegas de los pisos 3 y 4, lo que incide en la construcción de un menor número de estacionamientos en comparación a lo que corresponde. Esto fue determinado por la Contraloría en un informe divulgado en octubre pasado.

No obstante, vale la pena explorar las posibilidades de salvación del edificio ya erguido, mientras se espera el dictamen que podría determinar una de las primeras demoliciones de la historia, por no cumplimiento de permiso de edificación. Tomando como referencia los antecedentes entregados por la Contraloría, es posible aproximarnos a las alturas y decisiones de diseño que logren una posible salida -en norma y forma- para el edificio, junto al calce de superficies y estacionamientos que la modificación de proyecto intentó lograr sin realizar el EISTU. En el siguiente esquema, pueden observarse las alturas logradas, comparativamente ubicadas para demostrar lo aprobado y lo edificado, junto a los antecedentes contextuales relevantes y una sugerencia posible de altura y volumetría máxima posible, en una aproximación proporcional al contexto. Cabe señalar que la decisión de levantar la fachada marítima tampoco colabora con el proyecto, al exagerar la pantalla curva sin un retranqueo frontal y lateral que hubiera colaborado con su sorprendente “impronta”.

Finalmente y una vez se logre un acuerdo, se maneja que el Mall podría estar listo en 2013, ya que en agosto de este año presentaba un 70% de avance que representa 30 mil m{2} construidos, estado que exige una rapida definición de los Tribunales, mientras el mantener el edificio en ruinas inicie presiones para una apertura forzada bajo argumento de plagas o riesgos de derrumbe, artimañas que como cumplimiento mínimo de la Autoridad, deben ser absolutamente evitadas.

Esperamos entregar un aporte al debate, y dar claves de lo que debiera ser analizado por quienes hoy tienen en las manos el destino formal de la capital de la isla de Chiloe, recibiendo la desgastante consecuencia de que la mejor ciudad que pretendemos no resultará de la práctica bajo lógicas económicas cortoplacistas, sino por el contrario, del resguardo del entorno de los ciudadanos por la ciudad, tema que esperamos debatir y comprender en la próxima Bienal de Arquitectura.

por Alberto Texido

Arquitecto de la Universidad de Chile, PhD en Arquitectura y Estudios Urbanos PUC, DEA ETSAB UPC Barcelona, Académico FAU U. de Chile

Fuente:Plataforma Urbana

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