11 de diciembre: Día Internacional de las Montañas

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En la Resolución 57/245 de la Asamblea general de las Naciones Unidas de fecha 20 de diciembre de 2002, en el punto 10 se “decide declarar el día 11 de diciembre como Día Internacional de las Montañas a partir del (…) año 2003, y alienta a la comunidad internacional a (…) resaltar la importancia del desarrollo sostenible de las montañas”.

Por Francisco Ferrando Acuña

Geógrafo de la Universidad de Chile

Director Académico de la FAU

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Con motivo del día de las montañas del año 2013 se señalaba que “Las montañas abarcan el 27 por ciento de la superficie de la tierra y desempeñan un papel crucial en el avance del mundo hacia el crecimiento económico sostenible, y que no sólo aportan el sustento y el bienestar a cerca de 720 millones de personas que viven en ellas, sino que además benefician indirectamente a miles de millones de personas que residen en las tierras bajas.

Las montañas, en particular, suministran agua dulce, energía y alimentos, recursos que serán cada vez más escasos en décadas futuras. Sin embargo, también albergan un alto grado de pobreza y son muy vulnerables al cambio climático, la deforestación, la degradación de los suelos y los desastres naturales, así como a las intervenciones que alteran , degradan o destruyen dicho medio ambiente afectando las reservas de recursos hídricos.

Este año 2014 el tema para esta conmemoración, es la “Gestión de la Biodiversidad en las Montañas para vivir mejor”. La conservación del ambiente y el uso racional de los recursos naturales, traducidos en calidad de vida para los pobladores de Montaña son los principios básicos (SIAN/Ar-2014).

De acuerdo con la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de Argentina (Dic-2014) “El ser humano, a través de los siglos, ha admirado las montañas como uno de los accidentes geográficos más importantes de la superficie terrestre. En ellas interactúan muchos factores muy relacionados entre sí, que repercuten en mayor o menor grado sobre el ambiente y el hombre, constituyendo así uno de los ecosistemas más complejos y útiles, pues manifiestan con toda claridad y amplitud la diversidad biológica que representa una invaluable reserva requerida para su subsistencia.

La riqueza de especies presentes en estos ecosistemas se debe a la gran variabilidad de las altitudes montañosas que conllevan diferencias sustanciales en suelos, climas, exposición de la luz solar y abundancia de la humedad.”

Al respecto, se hace hincapié en que “Gracias al aislamiento e inaccesibilidad, se pueden encontrar especies muy valiosas, ya desaparecidas en otros hábitats, por consiguiente es muy importante su conservación para garantizar que las especies sobrevivientes continúen contando con las condiciones y protección necesarias para que las futuras generaciones, puedan disfrutarlas como un derecho legítimo”. A ello se agrega que “la existencia de estas especies puede llegar a ser el elemento que permita resolver problemas futuros que afecten la seguridad o supervivencia, como son los desastres en la producción de alimentos o en las enfermedades sin cura aparente. Este gran papel lo cumple la diversidad biológica por lo cual se debe protegerla.”

Por su parte, el EDERA-PUCP (Perú 2014) nos recuerda que “El Día Internacional de las Montañas sirve para crear conciencia de la importancia que tienen las montañas para la vida, así como resaltar las oportunidades y limitaciones que afrontan el desarrollo en estas zonas, así como la reunión de diversos países para que en conjunto se genere un cambio positivo”.

Asimismo, se destaca el que este día tiene como objetivo el hacer que todos piensen y reflexionen sobre la aceleración del proceso de desglaciación en nuestro planeta, aspecto que está muy vinculado con la conservación y con el desarrollo de actividades que alteran el sistema montañoso, con graves consecuencias no solo para quienes las habitan sino para los millones de personas que viven en tierras bajas o al pie de ellas. Dicha situación tiene directa relación con el “que las montañas son la fuente de todos los grandes ríos del mundo y de muchos menores”, así como que también “cumplen un papel fundamental en el ciclo del agua por la captura de humedad y el almacenamiento de nieve”, regulando la disponibilidad del recurso hídrico.

Conjuntamente, estamos asistiendo a un aumento de las temperaturas de nuestro planeta, lo que tiene como consecuencia una menor precipitación sólida y una menor duración de la nieve en las montañas, lo que sumado a “la desglaciación” provocada hace que se estén perdiendo “fuentes de energía limpias y renovables, así como de agua para consumo humano, agrícola e industrial. Al respecto es un deber generar la conciencia debida sobre estos temas, especialmente avizorando el legado que se dejará para las generaciones futuras.”

Los miembros de EDERA hacen notar que Perú posee una “gran cantidad de glaciares que debemos proteger y conservar, (ya que) son nuestra fuente de agua y energía, y se encuentran en nuestras montañas, las cuales no solo tienen un valor económico, sino un gran valor cultural, simbólico y espiritual desde nuestros antepasados que los veían como grandes deidades protectoras y proveedoras de vida.

Por su parte, la Coordinadora Ecoloxista d’Asturies, España, nos recuerda que “Este día se convierte en una llamada de alerta sobre las numerosas amenazas que acechan a los paisajes y ecosistemas montañosos de nuestro Planeta”. Agregan que “En Asturias, región para la que las montañas, tanto la Cordillera Cantábrica como las sierras menores, suponen la columna vertebral de su historia, su cultura y su paisaje, decenas los proyectos de destrucción se han venido sucediendo, los que resumen la actitud depredadora del ser humano desde la era industrial”.

A estos antecedentes y posicionamientos sobre la relevancia crucial de los ambientes de montaña para la sobrevivencia y la sustentabilidad, cabe recordar que Chile, nuestro país en fundamentalmente un territorio montañoso y que la Cordillera de los Andes constituye nuestro gran reservorio de biodiversidad y de agua en estado sólido y líquido.

Una triste realidad es que estos ambientes, donde los glaciares no constituyen un recurso renovable, se encuentran en gran medida desprotegidos de las intervenciones que, de forma descuidada e inadecuada, los están destruyendo y condenando a una muerte anticipada.

Los recursos hídricos representados por la criósfera en nuestras montañas, vale decir, glaciares de todos tipos, campos de neviza, nieve estacional, y el hielo del contenido en el sustrato (permafrost), así como el sistema periglacial de su entorno, se encuentran desprotegidos en Chile producto de la dilación que resulta de la interacción de la burocracia política con el lobby de grades empresas internacionales y grupos de poder económico cuyo horizonte es poner el lucro sobre la sustentabilidad.

Nuestro país requiere de muchas cosas, pero entre ellas una fundamental es poder contar con una Ley de Protección de la Criósfera como un todo, que garantice que el sistema natural y, consecuentemente, el sistema glacial, periglacial y nival, de cual depende el sistema hidrológico, este salvaguardado de las intervenciones que lo afectan negativamente en forma tanto directa como indirecta.

La ciudadanía y la autoridades a todo nivel deben aprehender, internalizar, que no puede haber desarrollo sustentable si de afectan, degradan y/o destruyen las fuentes de la vida, especialmente si nuestras reservas hídricas manipuladas y condenadas a corto y mediano plazo por acciones irresponsables. Sin oro se puede vivir, sin agua no.

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LA IMPORTANCIA DE CUIDAR EL AGUA SÓLIDA

Las montañas son nuestras “copas de agua” (water towers) las cuales, sobre un nivel de reserva o almacenamiento heredado de tiempos pretéritos, sufren variaciones del capital hídrico asociado a una suma de procesos de muy distinta escala tanto temporal como de magnitud. Estas van desde las oscilaciones a escala geológica del clima, como las glaciaciones cuaternarias, hasta aquellas de escala humana, pasando por fenómenos como el período cálido del medioevo, la pequeña edad del hielo, los efectos de la revolución industrial, los ciclos solares, el fenómeno ENSO, grandes erupciones volcánicas, el salto térmico centrado en el año 1976 y, evidentemente por las contribuciones de la actividad humana al comportamiento térmico atmosférico (parasol antropogénico, efecto invernadero, contribución al calentamiento global, etc.) y su influencia en las precipitaciones.

En este escenario, en el que la humanidad está interactuando e interfiriendo con algunos procesos del sistema terrestre, y afectando la velocidad y tendencia natural de su evolución, existe un recurso fundamental que está siendo amenazado en su disponibilidad y supervivencia: el agua “dulce”.

En este contexto, una de las fuentes de agua dulce que aporta constantemente a los ríos, a las aguas subterráneas, a lagos y embalses, que devuelve agua a la atmósfera, que es fuente básica del agua para riego, para la industria y para la bebida, es la criosfera. Es decir, todas las expresiones naturales de agua en estado sólido.

Esta fuente fundamental de este vital recurso es despreciada por la mayoría de las personas, especialmente los habitantes urbanos, hasta que los suministros se cortan o hay racionamientos o sequía. Es el ciclo hidro-ilógico, el cual raya en la irracionalidad humana: Nos despreocupamos de lo que estamos acostumbrados a disponer hasta que nos falta.

Que sería de Chile y su gente si nos faltara esa reserva tan importante que son los glaciares y las otras formas de agua en estado sólido de nuestras montañas. Un país como el nuestro, en gran medida privilegiado por la naturaleza, no puede pretender subsistir sólo de los aportes de las precipitaciones líquidas. Requiere de modo absoluto del agua proveniente de las reservas y precipitaciones sólidas del vital elemento, es decir, de la criósfera, en especial en la zona central por su marcada estacionalidad.

Debe tenerse presente que entre las formas de presencia de hielo, no solo se trata de aquel que se ve (glaciares descubiertos o blancos). También, y muy relevantemente, se trata de la presencia de hielo oculta, enterrada, o formando parte del subsuelo: el permafrost en sus distintas formas. Esta expresión dice relación con formas más superficiales como los glaciares rocosos de origen glacial y periglacial, y con formas más “profundas” como la presencia de hielo en el sustrato rocoso o sedimentario, la cual puede alcanzar varias centenas de metros de espesor en la alta montaña.

Esta escasa valoración no es solo del común de la gente, también lo es de grandes empresas, principalmente internacionales, que colocan sus fines económicos por sobre la persistencia de estas reservas de agua sólida despreciando su rol en el ecosistema. Cada vez que se excava en alta montaña se destruyen, directa o indirectamente, glaciares descubiertos y/o rocosos, campos de neviza, de penitentes o de nieve, y el hielo del sustrato. Cada vez que se remueve material del subsuelo de la alta montaña, se remueve permafrost. Todo ello es una pérdida irremediable.

Ante esta amenaza se alza la gobernanza como una herramienta de los organismos de base de la sociedad para resguardar su derecho a agua dulce y limpia, lo que es un derecho a la vida y la salud. Producto de ello, y de los compromisos del actual gobierno, es que hoy toma fuerza la necesidad de elaborar, dictar y hacer cumplir una ley de protección de glaciares.

Afortunadamente, y más allá del enunciado sobre una política nacional de glaciares, existe hoy un texto de propuesta de una Ley de Protección y Preservación de Glaciares, la cual se encuentra en discusión. Abogamos porque esta iniciativa tenga éxito y se resguarden los derechos de muchos habitantes de este país que ven amenazadas sus existencias, sus actividades, su cultura y su descendencia.

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