Glaciares para la vida

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Ante recientes proyectos de intervención minera a ser puestos en marcha en ámbitos andinos de Chile central, específicamente en la cuenca superior del Río Aconcagua, la Facultad de Arquitectura y Urbanismo por medio de su Departamento de Geografía desea expresar a la comunidad las siguientes consideraciones:

Se debe recordar que los glaciares actuales son formas remanentes de la última glaciación que afectó al Planeta, la que terminó hace aproximadamente 14.000 años, y que las condiciones climáticas que les dieron origen, con similares rangos de precipitaciones y temperaturas, claramente no se han vuelto a repetir. Sin embargo, a pesar de no existir las condiciones originales para que estos cuerpos de hielo permanezcan, ellos han logrado sobrevivir hasta hoy en día pero con claros signos de pérdida de masa.

También, en este contexto es conveniente aclarar que las mal llamadas “nieves perpetuas” no existen. La nieve es un estado transicional que termina en agua por fusión o que avanza al estado de neviza y luego de hielo por compactación y densificación progresiva. Tampoco el concepto de “hielos perennes”, entendiendo perennidad como perpetuidad, es apropiado a escala humana ni geológica del tiempo. Los hielos se han formado y fundido muchas veces en la historia de la tierra, y hoy en día estamos asistiendo a su derretimiento cada vez más rápido. En este sentido, y desde el punto de vista del desarrollo sustentable en el largo plazo, los glaciares no deben ser considerados un recurso renovable.

Históricamente han estado sometidos a variaciones climáticas relativamente menores como la “pequeña edad del hielo” del siglo XVI, el período cálido del medioevo y el “salto climático” del año 1976 registrado en Chile. A estos fenómenos se suman los efectos del creciente calentamiento climático. Ello lleva a que, proyectada la evolución mostrada por los glaciares, muchos de ellos podrían desaparecer como ya ocurre, por ejemplo, en el continente africano y en Ecuador. La actual condición de sequía que vive el país desde el año 2009, asociada al fenómeno de La Niña, implica además recientes reducciones significativas de precipitación sólida y, por lo tanto, incremento de la condición negativa de su balance de masa.

En la alta montaña de Chile central existe aún una gran cantidad de glaciares de todo tipo, los cuales son un recurso fundamental para la mantención de los caudales de los ríos, especialmente en los períodos en que no se registran precipitaciones y cuando las nieves han fundido. Muchos ríos del país, de origen andino, se secarían en el largo estío sino fuera por estas fuentes de agua, así como también, muchas napas dejarían de recibir este porte por infiltración de agua de fusión.
Pero mucho más, para los ecosistemas de alta montaña y su proyección a los demás ecosistemas, el glaciosistema como parte del hidrosistema es absolutamente relevante. En primer lugar, debe entenderse que el hielo no solo se encuentra en los glaciares blancos y en los glaciares rocosos, sino también en la infinita red de grietas que presentan las formaciones rocosas andinas producto de los efectos de las fuerzas tectónicas. En esta red subterránea, el agua de fusión del hielo y de la nieve estacional se infiltra, circula, se recongela y se funde múltiples veces, constituyendo una reserva y una fuente hídrica no considerada en su cabal dimensión. Complementariamente, esta red y el movimiento subterráneo del agua no distingue límites de cuencas hidrológicas superficiales, por lo que cualquier intervención en el sistema siempre afectara a más de una cuenca o a varias subcuencas, modificando su productividad hídrica.

Muchas pasturas y humedales de montaña que existen gracias a estas fuentes de agua, tales como vertientes o manantiales, podrían verse degradados y con ellos la biogeografía de estos ámbitos.

Otros efectos del glaciosistema dicen relación con su influencia térmica sobre el microclima de estos valles y montañas, ya que la fusión y la sublimación además de entregar agua a la atmósfera producen enfriamiento de las masas de aire en contacto, con lo cual operan como reguladores térmicos del calentamiento. En este mismo sentido, si los glaciares funden o reducen significativamente su superficie, los materiales (rocas y sedimentos) que quedan expuestos a la radiación solar tiene una mucho mayor conductividad calórica, lo que conduce a alteraciones significativas en el intercambio térmico con la atmósfera, consecuentemente en el clima local.

Debe recordarse que en el sector de la cadena montañosa divisoria entre las cuencas de los ríos Aconcagua (subcuencas de los ríos Juncal y Blanco) y Maipo (subcuencas de los ríos Olivares, San Francisco y Yerba Loca), existe uno de los mayores campos de glaciares de Chile Central: El Campo de Glaciares Olivares, al que acompañan múltiples glaciares rocosos. Sus servicios hidrológicos y ambientales son invaluables, por lo que cualquier alteración de su entorno podría tener efectos catastróficos en el mediano plazo, entre otros, sobre el abastecimiento hídrico de las regiones de Valparaíso y Metropolitana.

En este sentido, es de suma importancia tener presente que las intervenciones extractivas en alta montaña, con un fuerte impacto directo local, también generan impactos indirectos de gran magnitud, los que son tanto o más graves que los primeros. Estos últimos dicen relación con tres tipos de efectos:

1.- En minas de rajo abierto, la cotidiana realización de tronaduras provoca ondas de tipo sísmico que afectan áreas mucho mayores que el sitio mismo de la explotación. Ello produce efectos de desestabilización, aumento de la fusión de las masas de hielo por fricción interna y por incremento del rango de movimiento hacia sectores más bajos.
2.- Las mismas tronaduras generan nubes de material particulado fino las que transportadas por el viento a diferentes sectores, cuencas, glaciares y campos de nieve, provocan un fuerte aumento de la fusión al generar cambios en el albedo con un manto más opaco, y a alterar la absorción de calor por diferencias en el comportamiento térmico.
Este efecto, dependiendo de la fuerza y constancia del viento puede traspasar fronteras y, en la vertiente andina argentina existen una serie de glaciares que podrían resultar afectados, lo que eleva el impacto a una escala internacional.
3.- Las instalaciones mineras y plantas de procesamiento, y su operación con grandes maquinarias, así como la circulación de vehículos de alto tonelaje, constituyen una fuente de emisión de calor, el que los vientos locales transportan sobre las montañas afectando el balance de energía de glaciares y campos de nieve. A ello se debe agregar el efecto no solo calórico, sino contaminante de los motores a combustión, lo cual aumenta la conductividad térmica atmosférica, incrementado la influencia sobre la fusión.
4.- La actividad minera libera una serie de elementos químicos que incrementan la concentración natural de estos en las aguas o bien incorporan nuevos, cuyo efecto se traslada por los esteros y ríos cuenca abajo, provocando efectos nocivos en el medioambiente tanto natural como antropizado.
Por último, y no por ello menos importante, es el hecho que en la Cuenca superior del Río Aconcagua y del Rio Maipo existen áreas protegidas por su relevancia ecológica, las que recibirían el impacto de los procesos señalados.

En este sentido, todos estos efectos desequilibrantes sobre el glaciosistema, y consecuentemente sobre el hidrosistema, no son locales. A partir de ellos se inicia una suerte de reacción en cadena y de efecto acumulativo tanto radialmente como hacia aguas abajo, llegando incluso a afectar las áreas litorales adyacentes a las desembocaduras de los cursos fluviales.

Radialmente porque las afectaciones directas e indirectas generan un desbalance progresivo tanto glaciodinámico como térmico que acelera gladualmente la consunción de los cuerpos de hielo. Ello significa, entre otros efectos, impactos biogeográficos, una reducción de las reservas hídricas en el tiempo y dificultades asociadas con el abastecimiento a mediano y largo plazo. Los impactos bigeográficos sobre los humedales y pasturas de montaña deben necesariamente asociarse con la actividad ganadera trashumante y sus consecuencias socioeconómicas.

Paralelamente, los afectos hacia aguas abajo tienen relación con la variación de los caudales y con la calidad química de las aguas. Ello afecta las actividades productivas en el ámbito agro-frutícola por merma progresiva en la disponibilidad de agua para riego y en la toxicidad para las plantas (los elementos químicos se acumulan en los suelos por infiltración y lixiviación).
También afecta la disponibilidad de agua para consumo humano directo en el área rural por las mismas razones, se contaminan las napas y se dificulta la producción de agua potable para el abastecimiento urbano y los procesos industriales.

Por último, las aguas que llevan los ríos hasta sus desembocaduras resultan con contenidos mayores de elementos químicos o con trazas de componentes ajenas a su composición normal, por lo que los peces, moluscos y crustáceos que habitan o circulan por las áreas litorales conectadas sistémicamente con estas aguas continentales resultan biológicamente afectados, lo que se trasmite a los siguientes eslabones de la cadena trófica.

Todo lo señalado conlleva efectos socioeconómicos de creciente magnitud derivados de las consecuencias ambientales, de los efectos negativos en la actividad productiva, de la alteración en la calidad en los productos agro-frutícolas, de los efectos negativos en la pesca artesanal, de los impactos en la salud de las personas, en el mercado laboral y muchos otros.

Haciendo una suma de todas las consecuencias que sin duda derivan de la intervención de las montañas con actividades extractivas, especialmente de la magnitud propuesta por el Proyecto CODELCO 244, es evidente que las pérdidas en los múltiples aspectos señalados superarán con creces cualquier ganancia proyectada.

Considerando que ninguna medida compensatoria devolverá al sistema natural sus características condiciones, y que el desarrollo sostenible solo se puede alcanzar si se plantea desde una óptica sustentable en el largo plazo, no se considera recomendable una intervención minera del tipo y dimensión propuesta por una empresa del Estado como CODELCO, más aún cuando el Estado a través de la Constitución, así como por las atribuciones del Ministerio del Medio Ambiente, es el garante de los derechos a vivir en un medio ambiente libre de contaminación, así como de velar por la preservación de la naturaleza (Art.19, n° 8 ) y de la protección de la salud (Art.19n° 9).

D. Francisco Ferrando A.
Geógrafo
Director del Departamento de Geografía
Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) 

*Fotografía destacada Fuente CODELCO.

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