La sal de la vida

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Por María Christina Fragkou

Académica del Departamento de Geografía

FAU – Universidad de Chile

Esta nota debería ser sobre las actividades de mi comisión académica durante las últimas semanas en Turquía y Grecia. La escuela de verano del proyecto ENTITLE sobre instituciones, justicia y democracia, mi charla sobre los resultados de mi proyecto Fondecyt sobre la desalinización del agua de mar en Creta y los contactos que hice con académicos griegos.

Sin embargo, y si bien estos temas me fascinan, estos días es difícil encontrar sentido en escribir acerca de los comunes, de transformaciones urbanas, de estrategias de maladaptación al cambio climático y los impactos sociales de una tecnología. Siendo de ahí, haber pasado estos últimos días en Grecia ha sido una experiencia abrumadora que no deja mucho espacio para pensar en otros temas que no traten del futuro económico, político y social del país.

Después de cinco años de crisis económica, y cinco de estos meses con un gobierno de izquierda (“real”), este domingo, la gente de Grecia tendrá que votar un SI o NO en un referéndum que les pide posicionarse frente a la última oferta de medidas que pide la Unión Europea, siguiendo una política de austeridad. Los detalles no importan tanto y tampoco soy la persona indicada para explicarles. Lo que es interesante aquí es cómo se ve la situación fuera y dentro del país, juzgando de los comentarios de los amigos y amigas extranjeros.

Para alguien fuera de Grecia parece obvio que los griegos y griegas deberían votar NO, puesto que han sufrido mucho los últimos años; los sueldos y las pensiones han bajado, el IVA ha subido al 23%[1], el desempleo entre los jóvenes está al 60%, la mayoría de los jóvenes profesionales ha emigrado, se está elaborando la privatización de la mayoría de las empresas estatales y  la última vez que se dispusieron fondos estatales para investigación fue hace cuatro años. Lo que no se ve a la primera vista desde fuera es la guerra librada contra el gobierno griego (en realidad contra la izquierda europea, algo en auge si consideramos a Podemos de España por ejemplo), el terrorismo de la vuelta al dracma y el futuro tercermundista de Grecia, país indudablemente europeo con playas lindas, amor a la berenjena y cuna de la democracia.

Las opiniones que vuelan en los medios de comunicación griegos son sensacionalistas, de intenciones turbias y de veracidad dudosa. El referéndum se presenta como un SI o NO a la permanencia del país en la Unión Europea y en la zona del euro, todo esto acompañado con los peores de los escenarios de nuestra vuelta al dracma. Se habla de Venezuela, de Argentina (algo bien exótico si no extremo, para cualquier griego/a), y el otro día un político del principal partido de la oposición trajo a un panel televisivo un billete de Zimbabue para hacer una metáfora tragicómica y preparar a los espectadores de nuestra salida del euro. Así que no, no está claro que la gente de Grecia votará que NO a la continuación de las medidas de austeridad. Porque los que tienen algo ahorrado lo perderán, los que todavía tienen trabajos remunerados se quedarán sin empleo, porque los supermercados se vaciarán y el petróleo se acabará. Porque tienen miedo. Pero tienen también el temperamento y arrogancia mediterránea, así que quieren estar en la zona del euro tanto como quieren pelear para recuperar su dignidad, orgullo y respeto propio, negociando un poco más duro con sus pares europeos y el Fondo Monetario Internacional. Así que en realidad no se sabe qué es lo que pasará con el referéndum y seguramente la historia no terminará allí…

Ahora que lo pienso, los temas académicos de mi estadía no están tan desconectados de todo esto. Los comunes urbanos de los que habló Stavrides en la escuela de verano igual representan brotes de algo distinto que ha sembrado la crisis, o bien algo del futuro de lo que será mi país… la revolución de democracia radical de Rojava que se presentó en Estambul es un ejemplo extraordinario de lo que logra una sociedad que busca su autonomía y autodeterminación… y del agua del mar que se pasa por el proceso de desalinización… ¿qué se puede decir? Es que lo que queda de ella es una solución sin ningún elemento que la ensucie ,que amenace su pureza, que rompe su equilibrio y altere su inercia; ya no queda ningún componente que le de color, olor o sabor; ya se ha quedado sin vida… ¡No, pues!

[1] ojo Chile, que el IVA de los libros se ha mantenido al 6%, junto con el agua y la energía

 

 

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